Prólogo
¿Cuál será entonces el
propósito detrás de nuestra existencia? ¿Estamos destinados a aumentar la sabiduría
del universo? Para algunos, el hombre creará un estado de felicidad en la
tierra. Para otros, el reino es un sueño de felicidad en los cielos. ¿Será que
nuestra permanencia en la tierra es un reto para lograr algo? ¿Podemos
realmente construir un mundo más evolucionado? Muchos consideran que sí, y todo
lo que se requiere de nosotros es que en verdad elijamos hacerlo.
¿Qué tal, si la vida
es una gran sueño y muerte el despertar? Qué tal, si toda nuestra vida nos la
pasamos soñando, y cuando morimos despertamos en nuestra verdadera vida dejando
atrás todo lo malo –guerras, odio- , así como dejamos otra pesadilla. Otros más
osados afirman que somos el sueño de otra persona.
De allí parte
Descartes cuando dice: “Voy a dudar de todo, pero no puedo dudar del que está
dudando”. El descartó todo lo demás y
solo se quedó con “(…) el que siente.” Esa es la gran prueba de la existencia
de la consciencia.
La propia consciencia
no es una entidad física, sino más bien un proceso de percepción y compresión. Ésta
es una fórmula para la conexión con la funcionalidad y el despertar de la consciencia,
para sentirnos reparados y armonizados.
No debemos rechazar el
conocimiento de lo superior, lo divino, lo transcendental, pues es la única manera
de saber de qué se trata y para qué sirve todo lo demás. Las culturas antiguas decían
que al conocer “el todo” comprenderíamos las partes. Al respecto Peter Senge
(en la Quinta Disciplina) dice: “Desde muy temprana edad nos enseñan a analizar
los problemas, a fragmentos el mundo. Al parecer esto facilita las tareas
complejas, pero sin saberlo pagamos un precio enorme .Ya no vemos las
consecuencias de nuestros actos perdemos nuestra sensación intrínseca de conexión
con una totalidad más vasta”.
B.V.Swami Goswami

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